Cuando un país tiene los campos de las artes saludables, tiene su memoria resguardada. Nuestro país posee una lectura creativa femenina vigorosa. Eso no lo van a destruir los bárbaros: eso está allí, en espera.

Dejo claro: no soy amigo del Día de la Mujer. Innumerables razones puedo escribir, pero ante el protagonismo descollante y decisivo de la mujer en la recuperación de la república aprovecharé para decir. Este 8 de marzo pasó como uno más en la batalla. El día de la mujer es y será todos y cada uno del año. La nación sin ellas está muerta.

Venezuela tiene la dicha de tener en su inventario una cantidad de mujeres de primera línea. En todos los campos del conocimiento han incursionado con éxito.

Cuando me hablan del siglo XIX vienen a mi mente las dos Teresa: Carreño y de La Parra. Antes estaba Luisa Cáceres de Arismendi, esposa del general Juan Bautista Arismendi, madre de 12 hijos.

De primera línea son las hermanas Imber, Lya y Sofía. La primera, médico brillante; la segunda, a quien le debemos nuestro acercamiento con las artes plásticas más novedosas a través del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. De otro orden es su trabajo periodístico de corte político que tanto dio de que discutir en nuestro país vario y diverso.

Si seguimos entre hermanas, contamos con las Gramcko, Ida y Elsa: la primera extraordinaria poeta y la segunda excepcional artista plástico.

Cuando recorro el país del conocimiento y sus aportes me consigo con seres silentes de obras fundamentales. Allí la novelística de Antonieta Madrid.

Antonia Palacios; Stefania Mosca; Victoria de Stefano y sigue una lista interminable de excelentes narradoras que han tenido la generosidad de retratar esta tierra de gracia.

Si nos metemos por el teatro nos entendemos con Elisa Lerner, Juana Sujo, Doris Well, Elizabet Schon y en el cine de culto con la monumental Margot Benacerraf.

Cuando un país tiene los campos de las artes saludables, tiene su memoria resguardada. Nuestro país posee una lectura creativa femenina vigorosa. Eso no lo van a destruir los bárbaros: eso está allí, en espera.

Cuando nos acercamos a las universidades vemos cómo las más resaltantes y brillantes exponentes de la academia son mujeres. Ellas se les han plantado a la barbarie y la barbarie con espuma en la boca ha retrocedido.

Por estos días un amigo me decía que nuestro país no estaba preparado para tener en Miraflores una mujer. Me fui en risas porque todavía hay gente tonta que sigue menospreciado el poder real de la mujer en la escena política venezolana.

En estas dos décadas de deconstrucción republicana las que han tenido un estelar papel en la escena política son esas mujeres incansables que hacen milagros para sostener un hogar y encima estar al tanto de la calle y sus vericuetos.

Las veo en los colectivos pelear por sus derechos y los de todos. Son guerreras y no se dejan meter gato por liebre. Están allí y en el fondo, el poder oscuro de la arbitrariedad les teme.

Me siento orgulloso de la pianista Gabriela Montero, cada vez que da un concierto es un derroche de talento y sobre todo un homenaje sostenido a la mujer venezolana y su lucha infatigable por la democracia.

¿Quién dijo que nuestras hembras le tienen miedo al monstruo? Para nada, lo entrompan y lo ponen de rodilla. He visto cómo una mujer se organiza y organiza a otras y llevan comida a la emergencia de un hospital a los niños desnutridos y otras son voluntarias de hospitales en medio de esta calamidad con nombre de país. Ellas son las cadenas gruesas y sólidas de la solidaridad.

Y me dice un amigo que este país no está preparado para que lo dirija una mujer. Creo que hay que prepararse para que una mujer nos diga que aquí se tiene que acabar la ingobernabilidad, la corrupción y el desamor por el prójimo. Necesitamos urgente firmeza y afecto de verdad por la nación. Esos dos componentes sostienen a las mujeres de mi país.

En la recta del final aparecen como luces fuertes, vigorosas, esas mujeres que nos han moldeado nuestra civilización y modernidad. Allí, Carmen Clemente Travieso; Miyó Vestrini; Luisa la Nena Palacios y Graciela la Nena Acosta; Cecilia Pimentel; Jeanette Abouhamad; Luz Machado; Lucila Palacios; Mercedes Pulido de Briceño; Maritza Izaguirre Izaguirre; Lolita Aniyar de Castro; Argelia Laya; Berenice Gómez (hoy en el exilio); Belén Lobo; Cecilia García Arocha; María Corina Machado; Blanca Rosa Mármol; Clavel Rangel.

En fin hay tanta mujer interesante llenando las páginas de esta tierra de gracia, creo no equivocarme, lo han hecho tan bien que todavía tenemos vestigios de ciudadanía gracias a ellas.

Soy un sortario, he tenido mujeres que me han marcado. Mis dos madres: Carmen y Lucía, después mis tías: María Isabel y Bárbara. Mi hija Alondra.

Para cerrar quiero tener vida y lucidez para ver cómo una mujer arregla este país aplastado por la barbarie.

Una mujer presidente ¡ya!

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